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Sobreponernos al miedo a fracasar


El miedo a fracasar es el miedo más grande de cualquier emprendedor. ¿Qué sucede si mi empresa no funciona? ¿Qué pasa si pierdo mi dinero? ¿Cómo continúo si el negocio que armé no se concreta? Son preguntas que todo nuevo empresario se realiza y muchas veces frenan nuestros impulsos emprendedores.

Cuando una negociación fracasa, cuando una venta se frustra o simplemente nuestros planes no salen de forma exitosa, es momento de levantarnos y seguir adelante. Para esto, lo primero que debemos hacer es redefinir la palabra “fracaso”: verlo como un paso necesario, un intento válido que nos sirve para descartar opciones o caminos a tomar en nuestro negocio. El objetivo es visualizar el fracaso como una posibilidad de aprendizaje.

Es difícil resignificar los fracasos, los mismos conllevan una gran carga emocional ya que asociamos el fracaso con otros sentimientos como frustración, dolor, miedo, vergüenza, etc. Sin embargo estas emociones no son propias del fracaso, sino que la asociación a las mismas es personal, cada emprendedor tiene reacciones diferentes frente a la misma situación. Nuestro objetivo como empresarios, es controlar esa carga emocional y relacionar el fracaso con otros sentimientos y actitudes positivas, como por ejemplo el aprendizaje, que nos impulsen a continuar nuestra tarea.

En este punto, debemos rastrear nuestra propia concepción de fracaso, ¿Qué es el fracaso para nosotros? ¿Qué pasa cuando fracasamos? ¿A quién queremos demostrar que somos exitosos? ¿Qué es el éxito? Las respuestas a estas preguntas estarán formadas por nuestra historia personal y las diferentes situaciones de fracaso que enfrentamos a lo largo de nuestra vida. A partir de ellas, nosotros creamos una concepción que puede impulsarnos o frenar nuestro desarrollo como emprendedores.

Si bien analizando nuestra historia podemos descubrir, superar y cambiar distintas concepciones, algunos consejos sobre el manejo de situaciones poco exitosas pueden ayudarnos a reponernos para continuar nuestro camino hacia la victoria.

 

Aprender del error

Tomar el fracaso como un proceso de aprendizaje: ya probamos ese camino, ahora ganamos tiempo sabiendo cómo no volver a caer en el mismo error. Valoricemos el aprendizaje y démosle a nuestros fallos una función educativa dentro de nuestro emprendimiento.

No tomarlo personal

No podemos considerar que si un proyecto no funcionó, nosotros fracasamos y somos el componente “fracasado” de la situación. Lo que no funcionó es el proyecto en sí mismo, debemos enfocarnos en cambiarlo, no en echarnos la culpa del error.

Mirar el bosque, no el árbol

Mirar el panorama completo es central en este punto. No debemos enfocarnos solamente en los puntos que no tuvieron éxito, no perdernos en los detalles poco exitosos del proceso, sino que lo ideal es centrarnos en nuestros objetivos y en el negocio por completo. A esto le llamamos tener conciencia de propósito, es decir, evidenciar que nuestro objetivo es mucho más grande que nuestros errores y los sentimientos negativos frente al fracaso.

 

Aprendé de tus errores y dale otro significado al fracaso. ¡Seguí emprendiendo con Desafío Joven!

 
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